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(Actualizado 1-9-21) Existe una agenda globalista por ello es que esa élite utiliza los grandes medios de comunicación, la televisión, la prensa, el cine, la música, creando ídolos e impulsando a quienes apoyan los anti valores hasta colocarlos en la cúspide de la fama para que, de una manera natural, estos famosos se conviertan en la caja de resonancia y sean ejemplo para difundir las degradaciones, el culto a la vanidad, la perversión, el ensalzamiento de lo malo y la rebaja de los valores morales de la nación.

Sin duda alguna. Existe una agenda globalista. Tanto, que el ex-presidente Donald Trump la ha mencionado muchas veces y ha afirmado que Estados Unidos debe oponerse a la misma.

Al principio es difícil de aceptarlo, ya que suena tan descabellado imaginar a un grupo de acaudalados satanistas reunidos en algún lugar oscuro, conspirando y planeando cómo van a dominar el mundo, al mejor estilo de los comics con los que crecimos muchos de nosotros.

No es difícil rastrear el poder financiero detrás de la agenda globalista pero solo mencionaremos acá a George Soros, los Rockefeller, los Morgan, los Carnegie y, por supuesto, los Rothschild. Todos ellos con intereses y socios en la mayoría de países del mundo. Y Colombia no es la excepción. Son ellos quienes controlan el dinero en el mundo, deciden quién come y quién no; definen quiénes serán ricos y quiénes no. Controlando el dinero controlan todo lo demás. Así de sencillo.

Sobre esto se ha escrito muchísimo.

Una gran cantidad de esa información es falsa y caricaturesca, pero otra es real y comprobable. El mismo Donald Trump, ya lo dijimos,  ha reconocido esa agenda globalista y ha luchado frontalmente contra la misma, ganándose muchos y poderosos enemigos.

Aborto, legalización de las drogas, inmigración ilegal masiva, ideología de género, depravación sexual, financiación de grupos terroristas, préstamos impagables de la gran banca internacional a los países subdesarrollados, corrupción de la clase política, revueltas sociales, injusticia y mucho más, son apenas una muestra de la estrategia que utiliza esta agenda del Nuevo Orden Mundial para desmembrar las naciones y asaltarlas con mayor facilidad.

Por supuesto, de las primeras cosas que toman y utilizan en su agenda globalista para convertir a la servidumbre a los países, es el sistema educativo y los medios de comunicación.

La razón es que para un dominio total deben poder controlar el descontento popular. Por ello han intentado, en su  agenda globalista ya con éxito, controlar las redes sociales censurando el tipo de manifestaciones que no contribuyen a esta agenda globalista.

Con el control de los medios y las redes sociales, utilizan el “divide y vencerás” enfrentando a negros y blancos, feminazis y conservadores, ricos y pobres, indios y no indios, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, empresarios y obreros…. La lista de divisiones es tan larga como uno pueda imaginarlo pero el objetivo es el mismo: enfrentamiento entre los dominados porque eso facilita el control.

A quienes descubren el entramado de la agenda globalista y lo denuncian, lo ridiculizan de tal manera que cualquier persona, en el futuro, que entienda lo que sucede, lo pensará dos veces antes de expresarlo.

En cada país, estos superpoderosos tienen sus alfiles, gente sin escrúpulos que, a cambio de una pequeña porción de las riquezas y el poder, no dudan en vender y traicionar a sus compatriotas. Son familias que detentan el poder y que los traspasan a hijos, nietos, sobrinos para poder perpetuarse en sus pequeños tronos. De cuando en vez, los alfiles traban disputas con otras familias o clanes políticos y financieros locales, solo para ampliar el rango de poder y aumentar la tajada del ladrocinio.

Miedo al ridículo.

Ese miedo al ridículo, miedo a defender los valores y denunciar lo malo, es la mayor arma que tienen los globalistas contra la sociedad.

Por ello es que esa élite utiliza  en su agenda globalista a los grandes medios de comunicación, la televisión, la prensa, el cine, la música, creando ídolos e impulsando a quienes apoyan los anti valores hasta colocarlos en la cúspide de la fama para que, de una manera natural, estos famosos se conviertan en la caja de resonancia y sean ejemplo para difundir las degradaciones, el culto a la vanidad, la perversión, el ensalzamiento de lo malo y la rebaja de los valores morales de la nación.

Son ellos quienes deciden lo que es bueno y lo que es malo, son ellos quienes deciden quién debe ser ridiculizado, o perseguido judicial y políticamente cuando la persona no les teme ni a ellos ni al qué dirán. Ahí está la razón de por qué unos pocos pueden controlar a la gran mayoría con su agenda globalista.

De igual manera, cuando alguien decide salirse de esa matrix y comienza a decidir por sí mismo y a llamar bueno a lo que Dios dice que es bueno, y malo a lo que él llama malo, entonces los globalistas saltarán a la yugular de quien ose salirse de la norma establecida.

El asunto es tan simple que quien comience a pensar por sí mismo y a cuestionar el sistema, no le teme a lo que digan los Rockefeller o George Soros. No, la persona teme a lo que le diga su familia, sus padres, sus vecinos, sus amigos.

El trabajo que han hecho los globalistas es imponer sus propias normas de tal manera que los controlados, los que las han aceptado mediante la prensa, la radio, la televisión, el cine o el sistema educativo, se convierten en un ejército poderoso que intentará aplastar a quien se salga del molde.

Todo ello tiene que ver con cosas como los recientes paros y marchas en Latinoamérica (eso será para otro artículo). Los globalistas crean el problema, financian a los que resolverán el problema teniendo lista ya la “solución” al problema que ellos mismos crearon con su agenda globalista. Ese es el mismo engaño que siempre les ha funcionado. Y por ello vemos, principalmente, ignorantes y jóvenes saliendo a protestar sin saber exactamente por qué, sintiéndose “parte de la historia”, “parte del cambio”, repitiendo como loros canciones e himnos ya escritos para dar la impresión de que “vientos renovadores de cambio” soplan por nuestros países.

Cuando la verdad es ni son renovadores ni son vientos de cambio. Es el mismo aire pestilente que nos han obligado a respirar haciéndonos creer que “esta vez sí” solucionaremos todo.

Si existiera, al menos, una prensa independiente y libre que no estuviera al servicio de los poderosos con su agenda globalista el asunto sería más sencillo. Pero no hay.

Lo que ellos temen, realmente, es que la gente aprenda que la verdad contenida en las Escrituras es la que los liberará con toda certidumbre. Por eso se burlan y persiguen a quienes predican eso, y financian y promueven a los falsos líderes cristianos que, como dijo Jesús, son solo ladrones y salteadores.

 

Ricardo Puentes Melo – Periodismo Sin Fronteras

Con información libertadusa.com

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