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El 2020 será recordado como el año de la pandemia. O el año del Coronavirus. La historia registrará que en este año las nociones de economía, política, academia, ciencia, tecnología, transporte, urbanismo, mercadeo, y hasta de dormir, fueron alteradas.  Además, de que se presentaron millones de contagiados y decenas de miles de personas fallecidas.

Fue una año en el que el hombre tuvo que repensar y replantear todos las actividades anteriores y otras muchas más.  Afloró, como nunca antes, el uso de la tecnología para cumplir con todos los menesteres cotidianos, incluidas, las grandes élites, gobiernos y estados.

El sistema educativo tuvo que recurrir a ella. Algo que venía aplazando desde hace décadas. Los gobiernos entendieron que era una imperiosa necesidad si querían seguir ejerciendo su mandato.  El comercio se paralizó, los campesinos dejaron de producir, las personas se negaban a saludar y se alejaban temiendo posibles contagios. Una locura.

Toda esta situación con la que terminó ese año, y las proyecciones del impacto del virus, nos indican que nos adentramos hacia un nuevo orden mundial que impactará no sólo la geopolítica, sino también, todas las acciones del tiempo venidero.

Unido al internet de las cosas y a todas las implicaciones de la Cuarta Revolución Industrial, el mundo deberá seguir presentando cambios y ajustes.  Pues, no es un secreto que las guerras, las catástrofes naturales y las epidemias, han acelerado la línea de la historia y sus debidas consecuencias.  Y lo más grave: lo seguirán haciendo.

Algunos expertos vaticinan que la humanidad jamás volverá a lo de antes, pese a las vacunas y medidas de bioseguridad.  Además, de que la historia es un continuo cúmulo de cambios.  Estoy seguro de que habrá menos poder geopolítico en el mundo, pues, todos hoy somos más pobres. Es decir, hay menos capacidad, aunque algunos hayan ganado o perdido más que otros; y pese a que algunos se estén recuperando como por ejemplo los asiáticos, particularmente, China.

Así mismo, y de acuerdo con algunos académicos, se ha desacelerado el proceso de Des- occidentalización en virtud de que el hemisferio occidental ha hecho menos para enfrentar esta crisis en comparación con los asiáticos.  A la par, de que se ha observado el retiro paulatino de Estados Unidos de sí mismo como potencia mundial.

De otro lado, es posible observar un proceso de Des-globalización que ha generado la pandemia, debido a que los países se ven obligados a retraerse sobre sí mismos, y aporten las cadenas de valores y de suministros internamente.

En pocas palabras, hay que decir que la batalla la va ganando la tecnología digital, haciendo más poderosas a las grandes multinacionales de este conocimiento.  Y también, que esta pandemia ha venido afectando las expectativas de vida de la juventud, en razón a que se desconocen aún todas las consecuencias de este tremendo virus.

Ahora bien, hay otro aspecto trascendental: estoy seguro de que todo esto se volverá tema privilegiado de populismo para muchos en la política

 

Por: José Eliseo Baicué Peña

Con información  diariodelhuila.com

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Hector Figuera

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