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Colón, una ciudad panameña situada en uno de los extremos del canal, es un ejemplo tan triste como ilustrativo de cómo un sistema económico al servicio de unos pocos puede devastar una comunidad que parece tener todos los ases de la prosperidad bajo la manga. En medio de un paisaje urbano degradado, lo único que parece prosperar es la desigualdad, la pobreza y el crimen organizado, en el que muchos jóvenes ven acaso el modo de arañar algo de esa riqueza que pasa de largo sin siquiera rozarlos.

La grieta de la desigualdad, que ensancha cada vez más las diferencias entre ricos y pobres, está presente en distintas proporciones en la mayoría de los países del mundo. Panamá es uno de los tres países con mayor desigualdad de América Latina y Colón es una de sus provincias con más pobreza, que puede llegar hasta un 97 % en alguno de sus barrios o corregimientos, según el Gabinete Social del Gobierno nacional.

La ciudad de Colón es una de las más importantes de Panamá. A nivel histórico, económico y comercial, aporta muchísimo para el desarrollo del país. Sin embargo, su población tiene salarios muy bajos, que apenas les alcanza para sobrevivir; a lo que se une el desempleo y, consecuentemente, delincuencia.

Sociólogos y economistas encuentran un punto de inflexión histórico que desemboca en la situación actual: la invasión estadounidense de 1989. «La invasión rompe un esquema institucional, se desarticula social y políticamente el país, quiebra todo el referente cultural valórico que existía, e instaura un régimen bajo una violencia extrema. Y esta violencia extrema llega de manera agobiante a los sectores populares, tanto en Panamá como en Colón», comenta el sociólogo Enoch Mayorga.

Otra de las consecuencias de la invasión fue la gran cantidad de armas que quedaron dispersas, mayormente en Colón, y en la ciudad de Panamá también, un factor que puede hallarse en el origen de la violencia que predomina en esa zona. Según datos del Ministerio Público nacional, desde enero hasta abril de 2021 en Colón hubo 48 homicidios, un 60 % más que en el mismo periodo de 2020.

En Panamá, como en muchos otros países, el Estado casi no se ocupa integralmente de estos jóvenes para sacarlos de la delincuencia y reinsertarlos en la sociedad. Se limitan a meterlos en la cárcel. Pero el momento difícil llega cuando salen de la cárcel, porque el trabajo escasea, no solo para los expresidiarios, sino también para el pueblo colonense en general.

El problema es más complejo, ya que la delincuencia, la violencia, el desempleo y los salarios bajos son la consecuencia de un modelo económico concentrador y excluyente que afecta particularmente a Colón, pero también a todo el país, según diferentes especialistas.

Iván Berrio, guía del canal de Panamá, subraya que cada año fiscal la ganancia neta del canal supera a la anterior. El año pasado el canal reportó más de 1.800 millones de dólares de ganancias netas. «Pero lo curioso es que nadie sabe cuánto destina el Estado panameño a la Provincia de Colón de lo recaudado gracias al Canal. No hay transparencia en este punto; lo que genera reclamos del pueblo colonense e incluso habilita a que políticos locales presenten proyectos de ley que pretenden que el dinero que se genera en Colón se quede ahí», explica Berrio.

Además, en Colón está la Zona Libre donde se compra y se vende al por mayor a nivel mundial.

Empresas de todos lados se establecen allí para venderles a los países de Centroamérica, las islas del Caribe y América del Sur; salvo Argentina y Brasil, que tienden a ser proveedores de mercancía para abastecer otros mercados. Lo mismo ocurre con México. La cantidad de dinero que se manejó ahí, solo en 2020, fue cercana a los 17.000 millones de dólares.

Las personas que trabajan aquí, entre empleos directos e indirectos, es de, aproximadamente, 25.000. La mayoría de ellos, casi el 90 %, son colonenses. Se puede decir que la Zona Libre es el sector que más le retribuye a Colón, ya que no solo genera empleo, sino que también aporta beneficios a la población de diferentes maneras.

Sin embargo, la Zona Libre, como todo proyecto comercial capitalista y liberal, no tiene límites en sus deseos de expandirse, y es ahí donde la gente de Colon puede verse afectada. El economista Juan Jovane explica que en Colón sacan a la gente de las casas. «Y no sólo sacan a la gente de las casas, para que otra gente no se meta, le ponen bloque a las puertas y le tumban el techo», denuncia.

«La ley que hace este tipo de cosas en Colón dice que si yo tengo una casa en Colón, y no la adecuo al plan ese que ellos quieren hacer, prácticamente la pierdo. Estoy obligado a venderla, por lo que sea, después de cierto tiempo», comenta Jovane.

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Hector Figuera

Hector Figuera

CEO Fundador del portal RCENI Radio Centroamérica Internacional Audiovisualista Temático Antropocentrico especializado en composición.