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El Planeta Nueve podría haber sido descubierto en la década de 1980, sin que fuera identificado en ese momento: una revisión de datos obtenidos por un telescopio espacial lanzado en 1983 sugiere que un enigmático objeto observado entonces sería en realidad el astro que obsesiona a los astrónomos en los últimos años.

Un objeto misterioso observado hace décadas en realidad podría haber sido el Planeta Nueve. Según una investigación astronómica que ha revisado datos antiguos recogidos por el Telescopio espacial Infrared Astronomical Satellite (IRAS), lanzado en 1983. En solo 10 meses, este telescopio descubrió alrededor de 350.000 fuentes, incluidas galaxias con estallidos de formación de estrellas, cometas y asteroides. Sin reconocerlo, habría detectado también la presencia del mítico planeta.

El Planeta Nueve, también conocido como Phattie. Es un hipotético planeta helado de enormes dimensiones que podría existir en el Sistema Solar exterior. Su existencia fue planteada a partir de un trabajo científico publicado en 2016, y pudo inferirse gracias al comportamiento de un grupo de objetos transneptunianos.

Destino del Sistema Solar depende del Planeta Nueve, según estudio | Cuba Si

El enigma continúa

Para una parte importante de la comunidad astronómica, existe un 90% de probabilidades de que pueda confirmarse la existencia de este astro, aunque el mismo aún no ha sido identificado oficialmente. Se trataría del quinto gigante gaseoso presente en nuestro vecindario galáctico, el cual habría sido expulsado del Sistema Solar interior (la zona en la que se encuentran los objetos más cercanos al Sol) por fenómenos gravitatorios.

Cinturón de Kuiper

Los científicos piensan que las extrañas órbitas de algunos objetos del cinturón de Kuiper, el disco circunestelar que se extiende más allá de la órbita de Neptuno, tendrían su origen en la presencia e influencia creada por el Planeta Nueve. ¿Qué sucedería si en realidad el Planeta Nueve ha estado frente a nuestros ojos desde hace casi 40 años y nunca nos hemos dado cuenta?

Es la hipótesis que plantea el astrónomo Michael Rowan-Robinson, del Imperial College London en el Reino Unido. En un nuevo estudio publicado en arXiv y aprobado para su próxima publicación en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, sostiene que la reinterpretación de datos obtenidos por el satélite astronómico IRAS en la década de 1980 estaría indicando la presencia de un objeto que podría ser el Planeta Nueve, oculto en los fríos y oscuros confines de la zona exterior del Sistema Solar.

El Planeta Nueve, que tendría 10 veces el tamaño de la Tierra y podría describir una órbita tan amplia que le llevaría entre 10.000 y 20.000 años en completar, no habría sido identificado en el momento por varias razones. En principio, su existencia hipotética fue planteada científicamente varias décadas después y, por otro lado, la tecnología disponible entonces no brindaba las mismas posibilidades que la empleada en la actualidad.

Un inicio para futuras observaciones

Según un artículo publicado en ScienceAlert, la revisión realizada por el astrónomo británico quizás no sirva para localizar en concreto al Planeta Nueve, pero sí para delimitar una región específica del espacio y una serie de condiciones que harían posibles nuevas observaciones en el futuro, las cuales podrían derivar finalmente en la identificación del huidizo y extraño astro.

El estudio de infrarrojo lejano del 96 por ciento del cielo realizado por IRAS parece tener una riqueza no del todo apreciada hasta hoy. Rowan-Robinson decidió volver a analizar los datos, considerando que un objeto de las características del Planeta Nueve podría ocultarse en alguna de las zonas estudiadas por el telescopio espacial.

Identificó un objeto detectado por el satélite en junio, julio y septiembre de 1983, que se mueve por una región del espacio que podría relacionarse con los parámetros propuestos para el Planeta Nueve. Sin embargo, la presencia de nubes filamentosas podría indicar que el objeto observado es en realidad el «ruido» provocado por estas nubes.

Rowan-Robinson cree que valdría la pena buscar en longitudes de onda ópticas e infrarrojas en el área cercana al objeto detectado, para confirmar o descartar su presencia. Si se tomara a este cuerpo como real y se confirmara que se trata del Planeta Nueve, su tamaño sería bastante inferior al planteado en un principio: tendría entre tres y cinco veces la masa de la Tierra.

Referencia

A search for Planet 9 in the IRAS data. Michael Rowan-Robinson. arXiv (2021)

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