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Nos referimos a dos tendencias diferentes que, aunque no falta quien las confunda, se refieren a situaciones absolutamente diferentes y en ocasiones antagónicas. La primera Globalización es un planteamiento de carácter económico y la segunda globalismo lo es de carácter político.

Viene al caso analizar ambos conceptos a la luz de las posiciones asumidas por los dos líderes que compitieron en las elecciones de los EEUU: Joe Biden y Donald Trump. Esto podría contribuir a dilucidar las diferencias entre ambos, todavía teñidas de una carga de apasionamiento.

Definamos los términos. La globalización es enemiga de las autarquías y se identifica con el libre comercio y el libre mercado, es un fenómeno económico que surge de la especialización del trabajo a nivel mundial.

Cada país se especializa en aquello en que es bueno, adquiriendo así una ventaja comparativa en relación a las otras: hago aquello en lo que soy mejor que los otros y les vendo; y compro de los otros aquello que ellos hacen mejor que yo.

Todas esas transacciones funcionan mejor sin la intervención de gobiernos, sin medidas proteccionistas y menores barreras arancelarias. La consecuencia de esta disposición fue un aumento en el nivel de vida de todos los involucrados. Mientras menos burocracias se le pongan a las transacciones mejor podría funcionar la globalización.

El mayor adversario de la globalización es el populismo. Trump fue un populista de derecha enemigo de la globalización, tal como Chávez fue un populista de izquierda enemigo del proceso.

El globalismo es exactamente lo contrario: Se trata de un arreglo que solo existe por causa de políticos y burócratas. El Estado – Nación – se tornó obsoleto y debe ser sustituido por un poder político transnacional, globalmente activo.

El globalismo es una política internacionalista, implantada por burócratas, que buscan armonizar al mundo entero. Lidiar con los problemas cada vez más complejos de este mundo – que van desde crisis económicas hasta la protección del ambiente – requiere un proceso centralizado de toma de decisiones, a nivel mundial. Consecuentemente, las leyes deben ser “armonizadas” alrededor del mundo por un cuerpo burocrático supranacional, con frecuencia abultado, lento e ineficaz.

Donal Trump, con una larga trayectoria como empresario privado, fue un adversario de la globalización y también del globalismo. Se opuso al proyecto globalista de la Unión Europea. Exigió a los países europeos un mayor aporte a la OTAN.

Fortaleció el ejército de los EEUU pero no permitió que su país se viese envuelto en conflictos en otras partes del mundo. Fue un proteccionista, mayormente en la forma de tarifas de importación, para estimular la producción y el empleo en los EEUU. Obligó a las industrias americanas a regresar a su país.

Aplicó aranceles a los productos de China para combatir el déficit en la balanza comercial estadounidense. Retiró a su país de acuerdos típicamente globalistas como el Acuerdo de Paris para el Cambio Climático, se salió del Pacto Nuclear con Irán enfrentando a las naciones europeas, renegoció el NAFTA y otros acuerdos de libre comercio, retiró a los EEUU de la UNESCO y finalmente de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en plena pandemia del COVID 19.

En el corto plazo, las medidas de Trump fueron capaces de estimular fuertemente la economía de los EEUU, lo cual le hubiera valido la reelección a la presidencia de los EEUU de no ser por la pandemia que acabó con muchos de sus logros. Quizá en el largo plazo no hubiese funcionado.

Por el contrario Biden puede ser considerado el típico globalista. Es el resultado de una larga carrera como funcionario público, habiendo sido el senador más joven de los EEUU, reelecto en cinco ocasiones y después vicepresidente de los EEUU durante 8 años con Barak Obama, en cuyo ticket fue incluido por ser considerado un factor de equilibrio, tal como en esta ocasión fue seleccionado como candidato del partido Demócrata por ser un factor de equilibrio entre la candidatura izquierdista Sanders y la derechista de Bloomberg.

Biden ha sido quizás el político americano con más experiencia en la negociación de los más diversos tratados, considerados por muchos como globalistas, a lo largo de su extensa carrera en la burocracia de los EEUU.

José Toro Hardydirector adjunto de Analítica

 

Fuente analitica.com

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Hector Figuera

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