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Un factor podría salvarnos del Armagedón ambiental anunciado: la fábula de la casilla 32

Es preciso que la humanidad sea capaz de hacer un cambio exponencial en los próximos 10 o 15 años en todos sus patrones de vida.

A la humanidad le está sucediendo con el planeta lo mismo que a Pedro con la historia del lobo. Tantas veces se ha dicho que el colapso ambiental es inminente, que ahora que sí está realmente encima (que llegará en poco tiempo), y todo sigue más o menos igual. Ni los países ni las personas estamos haciendo los cambios necesarios y urgentes. Y las noticias son gravísimas. Prácticamente sobrevendrá un Armagedón ambiental. El lobo, finalmente, llegará.

El año 2050 sería el momento del colapso. Sería dramático y le tocaría verlo a muchas de las personas que leen estas líneas. La única salvación es que quienes vivimos en el planeta hagamos una serie de cambios dramáticos en los próximos 10 a 15 años, de aquí al 2030 y 2035. ¿Qué nos espera si no hacemos esa gran revolución de nuestras actitudes? Mas de 200 científicos y expertos mundiales de 70 países reunidos el pasado abril 2019, en Nairobi (Kenia), anunciaron lo que vendrá.

  1. Calentamiento global y la metáfora de la isla de Manhattan

Ya está sucediendo: Desde el pasado mes de junio de 2019, se anunció que en Groenlandia se están desprendiendo grandes pedazos de hielo y que el proceso es irreversible. Al ritmo actual de calentamiento global, la temperatura del Ártico habrá subido entre 3 y 5º C (lo cual «devastará» la región y acelerará una cadena de efectos planetarios como la subida de los niveles del mar en todo el mundo. Un aumento de sólo 2 metros en el nivel del mar generará cataclismos. Ello estaba previsto para el 2100, pero parece que se acelera para el fatídico 2050.

El aumento de las temperaturas asociadas al calentamiento de la Tierra «despertará a un gigante dormido». A partir del deshielo del casquete norte, se desencadenarán mayores emisiones de gases de efecto invernadero —al liberarse el carbono atrapado en el permafrost—, la acidificación de los océanos (que arrasa con los ecosistemas) y aumentará la contaminación del mar. Desde inicios del año 2000, el cambio climático ya está diezmando los bancos de pesca de las especies buscadas por las flotas comerciales.

El Ártico es una zona especialmente vulnerable al cambio climático, pero, además, extiende una influencia crucial sobre el clima global y los ecosistemas. Adicionalmente, el Antártico sufre también un proceso de calentamiento y desprendimientos. El aumento del nivel del mar ocasionará la inundación de muchas zonas costeras, donde vive cerca del 30% de la población mundial, lo cual generará migraciones al interior de los países, crisis humanitarias y sistémicas por alimentación, derecho a la propiedad y violencia a gran escala.

La imagen hollywoodense de la isla de Manhattan inundada y en caos total (común en muchas películas futuristas, con la estatua de la libertad debajo de mar, asomando apenas su tea) no está tan lejos de la realidad. Muchas ciudades costeras como Ámsterdam, Hamburgo, Buenos Aires, Londres, Ciudad del Cabo, la propia Manhattan y varias otras serán cubiertas por el mar. Bangladesh —el país entero— sería cubierto por el mar.

Venecia sufre cada año más y más. Para el 2100, desparecerá totalmente. Las escenas dantescas de las películas de ciencia ficción habrán sido una premonición de lo que vendrá. Las migraciones internas de ese 30% de las personas del mundo que viven en las costas buscando zonas más altas será causa de guerras, así como la búsqueda del agua dulce.

  1. Las superbacterias: la principal causa de muerte del futuro

En tres décadas, «las superbacterias», los patógenos multirresistentes a los antibióticos, serán la principal causa de muerte natural. Las bacterias inmunes a los tratamientos se desarrollan por el exceso de medicación inadecuada en humanos y ganado. Pero, como han comprobado los análisis científicos, también tienen parte de su origen en el daño ambiental, debido a la cantidad de restos de productos bioquímicos que llegan al medio, por ejemplo, en vertidos al agua.

Las bacterias Escherichia coli y la Klebsiella pneumoniae serán las dos principales asesinas, ya que son bacterias del futuro. El uso indebido de los antibióticos (en seres humanos y en animales, que después pasan a los humanos en la ingesta de alimentos) convertirán a la vida cotidiana en un peligro constante. «Las cirugías rutinarias, los nacimientos, la neumonía e incluso las infecciones de la piel podrían volverse un peligro para la vida», explica el Comisario europeo de salud, Vytenis Andriukaitis.

  1. El envenenamiento del aire

La mala calidad del aire se ha consolidado como un factor de riesgo alto de muerte, «sobre todo en Asia y África», como indica el PNUMA, aunque hace solo unos meses un nuevo estudio ha recalculado los fallecimientos prematuros relacionados y dobla la cifra de muertos en Europa, los Estados Unidos, Asia y América Latina. Para el 2050 se cree que el volumen mundial de fallecimientos se elevará entre 4,5 y 7 millones por esta causa.

«La contaminación es la mayor amenaza para la salud en toda la región europea», asegura la ONU en sus previsiones para la región y añade que «más del 95% de la población de las ciudades está expuesta a niveles de polución por encima de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud». La acumulación de nitrógeno en el medio está deteriorando los ecosistemas.

  1. Los plásticos y la muerte de los océanos

Unos ocho millones de toneladas de plástico se tiran a los océanos cada año. Hay ya varias islas de plástico (execrable metáfora de la condición humana) del tamaño de Francia en el Pacífico y en el Atlántico. El Mediterráneo es hoy un mar camino al envenenamiento. El volumen de plástico es tal que para el año fatídico año 2050 la ONU estima que habrá más plásticos que peces en los mares del planeta.

El plástico, que tiene poco más de 100 años (1860), pero que inundó comercial e industrialmente el planeta desde 1970, es otro factor que nos terminará matando. Nuestra tecnología inventó los propios verdugos que nos terminarán aniquilando.

Además, los microplásticos (que no se ven, pero están allí) son otro factor letal, pues son consumidos por la fauna marina y posteriormente por los seres humanos, en una cadena alimenticia devastadora. El vertido constante ha infestado las aguas de los ríos y de los mares de millones de microplásticos.

  1. Un tercio de la comida es desperdiciada

Una de las paradojas grotescas de la Humanidad es que, mientras mueren más de 30,000 personas de hambre todos los días del mundo y hay casi 900 millones de personas con hambre o infra alimentadas, en los países desarrollados se tira a la basura o se desperdicia 1/3 de los alimentos. Aparte de doloroso e indigno de la civilización, la presión sobre el medio ambiente para producir alimentos que se tiran al basurero es letal.

Estamos sobrecargando ambientalmente el planeta para producir alimentos que no se aprovechan. Adicionalmente, la producción de carne —que obliga a una ganadería extensiva que promueve la deforestación creciente de bosques en distintos continentes— está generando una daño sistemático y creciente. El consumo de carne contribuye al calentamiento global y está transformado nuestros países en sabanas, pastizales y territorios yermos.

La fábula del ajedrez: el único factor que nos podría salvar

La Fábula de la casilla 32 del ajedrez (que pertenece al campo de la teoría de la progresión matemática) parece ser nuestra única salvación. La fábula se refiere al crecimiento exponencial del número de granos de trigo, que empieza duplicándose en cada casilla y, a llegar a la casilla 32, se vuelve tan grande, que transforma todas las reglas del juego. Tiene que ver con el origen del ajedrez en Medio Oriente. Implica que casilla a casilla (es decir año a año, mes a mes, día a día), el crecimiento de la ciencia es tan dramático que transforma toda la progresión. El conocimiento no se mueve por el pensamiento lineal, sino por el exponencial.

Es una metáfora y significa lo siguiente: el crecimiento exponencial de la ciencia y tecnología (la singularidad, como se le conoce) podría hacer posible que, en un lustro, para 2025, existan los descubrimientos y avances para limpiar el mar de plásticos, revertir el calentamiento global, aplicar alta tecnología para resolver la producción de comida y la presión ambiental sobre el planeta y para la lucha contra las letales superbacterias que amenazan con aniquilarnos. La alta tecnología, la robotización, la inteligencia artificial a gran escala y el conocimiento aplicado podrían corregir los grandes problemas y retos que hoy tenemos encima.

Sin embargo, hay otro gran problema por resolver.

¿La tecnología que vendrá se aplicará a regenerar el planeta o a la causa inversa: a polucionarlo aún más? ¿Cuál generación de líderes y científicos será capaz de hacer esto? ¿La actual, los baby boomers que gobiernan el mundo y que han acelerado el proceso de deterioro por la codicia y el crecimiento? Parece que no. ¿Las dos siguientes generaciones, la generación X y los millennials, tan ajenas y despreocupadas de los asuntos públicos, y tan ensimismadas en sus vidas privadas y bienestar? Está por verse…

Quizá la llamada generación Z, la de los post-millennials; los muchachos que hoy tienen entre 17 y 20 años, los que no tienen casi nada por perder (les hemos heredado un planeta a la deriva, a punto de estallar), sean los que realmente empujen estas grandes correcciones. Quizá sea la última generación que pueda salvar el planeta. En todo caso, nos quedan nueve años para el 2030 y las manecillas del reloj se están moviendo.

 

Jaime Ordóñez

Director del Instituto Centroamericano de Gobernabilidad (ICG) y del Observatorio de la Democracia en Centroamérica. Escritor y catedrático de la Universidad de Costa Rica.

 

 

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