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Sociedades distópicas se atribuye la primera utilización del término «distopía» que existe documentada a John Stuart Mill, en un discurso de una intervención parlamentaria en 1868.​ Si bien el término distopía estuvo relegado del Diccionario de la Real Academia Española
Pobreza a nivel general, la total falta de confianza pública, la presencia del llamado Estado policial

Características

Sociedades distópicas:  La distopía se afianza en la forma de una sociedad caracterizada, entre otros aspectos, por la pobreza a nivel general, la total falta de confianza pública. Presencia del llamado Estado policial, deviniendo la persistencia de la miseria y el sufrimiento, todo ello bajo el control del poder absoluto del antedicho Estado.

Tanto es así que una las sociedades distópicas nos ofrece un mundo en el que la privacidad y las diferentes libertades están totalmente controladas.

Fue en 1921 y gracias a la publicación de “Nosotros”, del ingeniero ruso. Yevgeni Zamiatin cuando nace la literatura distópica, en la que la ciencia y la tecnología sirven para que unas determinadas y dominantes élites esclavicen a la Humanidad.

Esta obra solo sería el germen de tres grandes publicaciones que llegarían a convertirse en grandes clásicos: “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley, una más que sombría metáfora sobre el futuro, en la que se vaticina el triunfo del consumo, en beneficio de la comodidad.

Es la anticipación del desarrollo en lo que es la tecnología reproductiva, la experimentación con cultivos humanos, que cambian de forma radical los principios de nuestra sociedad.

La felicidad es una utopía al menos en algunos países

Sociedades distópicas pese a que sus habitantes parecen vivir “un mundo feliz”, todo ello se ha conseguido a base de eliminar algo tan fundamental como la familia, las diversas culturas, el arte, la ciencia, la literatura, la religión y la filosofía; en resumen, es el triunfo total de la tecnología al servicio del poder absoluto del Estado.

Otro de los grandes títulos que nos hacen una exposición genial de lo que puede considerarse una las sociedades distópicas. Es la novela “1984”, escrita por George Orwell, con una marcada tendencia política, que nos plantea los principios o conceptos del omnipresente Gran Hermano o Hermano Mayor.

La existencia de la habitación 101, la brutal policía del pensamiento y la conocida como nanolengua, que contribuye a que las expresiones lingüísticas se vayan reduciendo, de tal forma que aquéllo que no tenga forma expresiva, escrita o hablada, no existe.

Quizás sea la más acertada a la hora de plantearnos coincidencias con lo que vivimos en la sociedad actual, víctimas de la manipulación de la información y de lo que tanto se persigue como es la vigilancia con carácter masivo y la represión, tanto dentro del plano político como social.

George Orwell

“1984” fue un gran éxito de ventas cuando se publicó en 1949, y pasado el tiempo, su actualidad temática la hace una lectura obligada.

La última de las novelas que refiero en este artículo es Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. Publicada en 1953, y cuyo título obedece a la temperatura en la escala Fahrenheit (ºF), a la que el papel de los libros se inflama y arde, y que equivale a 232,8 ºC.

Sociedades distópicas quizás sea una de las más conocidas, pues fue llevada al cine por. François Truffaut, que hizo de la misma una versión de espléndida calidad.

Distopía es el término opuesto a utopía, en tanto en cuanto nos plantea situaciones en las que los diferentes discursos ideológicos nos llevan a extremas consecuencias.

Es por ello que la distopía, como concepto genérico, nos viene a advertir sobre los peligros que se contemplan en nuestras sociedades actuales.

En definitiva, las historias de las sociedades distópicas son una clara y evidente protesta contra determinadas formas de gobierno o ideales sociales extremistas, que alimentan la alienación del individuo, en favor de una colectividad, y que terminan resultando peligrosos.

Es por ello que debemos perseverar en la conservación de los valores individuales, en la medida en que la sociedad permita hacer que el ser humano pueda saberse libre, para pensar y actuar, y conocedor de todo aquello a lo que conduce la manipulación por parte del poder, en los más variados ámbitos.

 

 

Fuentes consultadas cadiznoticias.es y Wikipedia

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Hector Figuera

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