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El 11 de agosto de 2021, la ONU ha anunciado que “La OMS prueba tres nuevos medicamentos para tratar el COVID-19”. En la noticia se informa que: “En una conferencia de prensa en Ginebra, el director general de la OMS subrayó la necesidad crítica de encontrar terapias más efectivas y accesibles contra la enfermedad producida por el coronavirus”. De esta forma reconoció que las vacunas experimentales no son la solución.

Desde el principio, numerosos científicos y sanitarios han cuestionado la estrategia de vacunación. El eminente virólogo belga Geert Vanden Bossche, considera que “cancelar las vacunas experimentales masivas debería convertirse ahora en la emergencia sanitaria de interés internacional”.

Añadiendo que “en primero de vacunas”, se aprende que: Nunca se ha hecho una vacunación masiva en plena pandemia porque “no se debe usar una vacuna profiláctica en poblaciones expuestas a una alta presión infecciosa” y “La vacuna inhibe el sistema inmunológico, mientras genera supercepas mortales”, es probable que la variante delta se haya creado como reacción a las vacunas y vendrían otras más infecciosas y mortales. Esta información ha sido publicada en el libro “Yo no me vacunaré”, de Emilio de Diego, que es la referencia sobre el coronavirus y las vacunas.

En España, según el Ministerio de Sanidad hasta el 11 de julio de 2021, las vacunas experimentales habían matado a 254 personas.

El 12 de agosto no había información más actualizada. En el Reino Unido, estaban vacunados el 65% de los fallecidos desde febrero hasta el 2 de agosto. En Israel, país con mayor porcentaje de vacunados, el 95% de los pacientes graves están vacunados. Estos datos los ha publicado el articulista Luys Coleto, que es una referencia esencial sobre el coronavirus y las vacunas experimentales.

https://twitter.com/ADRIANAAZZIAS/status/1425453376800796673?s=20

Numerosos científicos y sanitarios ya han advertido que en octubre aumentarían, alarmantemente, los fallecidos con las vacunas experimentales.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), mintió cuando dijo que el nuevo coronavirus era un patógeno respiratorio, cuando era inflamatorio.

Mintió para recomendar protocolos sanitarios que han causado numerosas muertes innecesarias, hasta que Italia desoyendo sus recomendaciones hizo autopsias y comprobó que los protocolos sanitarios eran erróneos y mortales. La vacunación masiva ha sido otra recomendación mortal de la OMS para potenciar la pandemia, con potencial de extinguir la raza humana.

En la noticia del 11 de agosto se anuncia que los tres fármacos “buscan reducir el riesgo de muerte, se encuentran en la fase final de ensayos clínicos” y se “espera los resultados para fines de septiembre”. Los medicamentos en cuestión son los siguientes: artesunato, imatinib e infliximab. Los tres han sido seleccionados por “un panel independiente de científicos” “por su potencial para reducir el riesgo de muerte en personas hospitalizadas por COVID-19”.

Este cambio estratégico sobre las vacunas experimentales supone el reconocimiento oficial de que la estrategia de vacunación no ha funcionado ni funcionará.

Artesunato (Ipca) se utiliza contra el paludismo grave y formaba parte de la lista de medicamentos esenciales de octubre de 2013 y del tratamiento de la malaria de 2010, ambos de la OMS.

El  imatinib (Novartis) se utiliza para el tratamiento de ciertos tipos de cáncer, como la leucemia, desde mayo de 2001.

El infliximab (Johnson & Johnson) se utiliza para la artritis reumatoide y enfermedades autoinmunes, como el Crohn. Fue aprobado su uso en Estados Unidos en 1998 y el año siguiente en la Unión Europea.

Los tres fabricantes han donado los medicamentos necesarios para realizar las pruebas que se iniciarán en dos hospitales universitarios.

En la noticia también se dice: “El ensayo clínico Solidaridad constituye la mayor colaboración mundial entre los 194 Estados Miembros de la OMS. En él participan miles de investigadores de más de 600 hospitales”.

En la noticia de la OMS se dice que “El año pasado se evaluaron cuatro fármacos” y que “los resultados entonces mostraron que el remdesivir, la hidroxiclorina, el lopinavir y el interferón tenían poco o ningún efecto en los pacientes hospitalizados con COVID-19”; sin embargo, estudios serios e independientes afirman lo contrario y están documentadas las vidas que han salvado. La OMS falseó las evaluaciones porque le interesaban las vacunas experimentales y aumentar su poder, como expliqué en otro artículo basado en otra noticia de la ONU.

Con información eldiestro.es

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Hector Figuera

Hector Figuera

CEO Fundador del portal RCENI Radio Centroamérica Internacional Audiovisualista Temático Antropocentrico especializado en composición.